Fobia infantil a los petardos

5 de Marzo de 2020

La fobia infantil a los petardos puede ser un gran problema.... Si vives en Valencia o te encuentras de visita por estas fechas, seguramente ya habrás advertido que Las Fallas están a la vuelta de la esquina. Y con Las Fallas vuelve el olor a pólvora y los ruidos de los petardos. Si tu hijo o hija tiene miedo a los petardos, esta época puede ser difícil. Vamos a ver si se trata de miedo o fobia y qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijo o hijas.



Vivir con miedo a los petardos en Valencia



Las Fallas es una tradición, que se celebra hace más de dos siglos. Las calles de Valencia se visten de fiesta con luces, artistas, monumentos falleros, música, multitud de eventos y… por algunos temidos, los petardos. Castillo de fuego Muchos niños tienen miedo a los ruidos fuertes y vivir en Valencia en esta época del año les llega a resultar, cuanto menos, difícil. Bajar a la calle durante el periodo fallero conlleva enfrentarse continuamente a una sucesión de estallidos provenientes de petardos y cohetes. Esto se traduce en un constante estado de ansiedad que, en muchas ocasiones, finaliza con intento desesperado por huir. En otras ocasiones, dicho estado de ansiedad comienza con solamente pensar que van a bajar a la calle, por lo se produce un efecto de atrincheramiento doméstico que determina, boicoteando muchas veces, la dinámica y actividades de ocio fallero para toda la familia.



¿Tener miedo es malo?



El miedo es una emoción y como cualquier otra emoción tiene su utilidad para el ser humano. El miedo nos indica que estamos ante una situación que, posiblemente, conlleve un daño y/o peligro para nosotros. Cuando interpretamos un estímulo como “potencialmente peligroso” nuestro organismo se prepara para ponerse en marcha para huir o atacar, acciones que nos ayudarían a “sobrevivir”. Ahora que ya sabemos que el miedo, aunque desagradable, es útil y normal, tenemos que saber hasta qué punto es normal tener miedo o no. Fobia infantil a los petardos



Miedos evolutivos



Es importante que conozcamos que existen una serie de miedos que aparecen de forma general y normalizada en los seres humanos y que nos ayudan en nuestro desarrollo evolutivo. Éstos aparecen a una determinada edad y remiten espontáneamente pasado un tiempo. Esto supone un factor que, junto con otros, nos dará pistas acerca de si en el caso se puede hablar de miedo o de fobia infantil a los petardos, propiamente dicha. En el caso del miedo a los sonidos ruidosos, los entendemos como miedos evolutivos a lo largo de la niñez temprana (de 0 a 3 años). Durante este tiempo, y siempre que la reacción del niño no sea exagerada y desmesurada, es normal que no muestre interés, o incluso muestre cierto rechazo, a los ruidos fuertes, en este caso, a los petardos (incluidas las bombetas). Si tras haber cumplido los 3 años continúa este rechazo, especialmente si éste cada veces más intenso, podríamos empezar a preguntarnos si estamos ante una fobia infantil a los petardos.



¿Cuándo el miedo se convierte en una fobia infantil a los petardos?



Retomando lo que hemos comentado en las líneas anteriores, Indiscutiblemente se convierte en un problema cuando el niño lo vive como tal, cuando sufre por ello o cuando su malestar es objetivamente mayor a lo esperado y cuando limitan sus propias actuaciones y en este caso las de toda la familia.



¿Qué actuaciones, como padre/madre, pueden ayudarle?



Es cierto que no existe el consejo perfecto que funcione de forma casi mágica, pero sí es verdad que existen algunas recomendaciones que pueden ayudaros a no crear una fobia infantil a los petardos o en el caso de comenzar a haberla no se agrave o se instale. En primer lugar, si percibís que hay (o se está creando) un problema más serio que un simple miedo, mi recomendación es que acudáis a un profesional. El psicólogo, tras la correspondiente evaluación, ayudará a vuestro hijo/a a superar su miedo y a vosotros, como padres, a saber qué hacer y cómo actuar con vuestro hijo con respecto a este tema. Actualmente, existen técnicas muy eficaces para ello. Si existe miedo pero todavía no lo podemos considerar un problema la clave está en la prevención. Lo mejor es que, junto a él, os comportéis de manera absolutamente normal. Muchas veces ellos son el reflejo de las emociones que, inconscientemente los adultos les transmitimos. Es muy probable que si él/ella se siente asustado y comprueba que la gente de su alrededor se comporta como si tal cosa, de forma natural, entenderá que, en realidad, no es tan peligroso como él ha creído. Si muestra curiosidad, acompáñale. Es absolutamente necesario que los niños/as conozcan los peligros del uso de los petardos, sí, porque al fin y al cabo, conllevan cierto peligro. Pero también es cierto que es totalmente contraproducente inculcarles el valor de la prevención asustándoles o “metiéndoles miedo”. Aporta a tu hijo/a información objetiva, veraz, ajustada a realidad acerca del riesgo y de qué actuaciones concretas y detalladas pueden prevenirlo. Acompñar si tiene focia infantil a los paterados Cuando se asuste, no lo viváis como algo horrible. Simplemente, normalizadlo, quitadle hierro al asunto. Un buen recurso es dejar escapar unas risas. El mensaje que le transmitiremos será algo así como “Yo también me he asustado, entiendo cómo te sientes, pero, tranquilo, no hay peligro”. Ayuda a tu hijo a comprender sus emociones y a gestionarlas. Recuerda que el primer paso, es que tú mismo seas capaz de ello. Muchas veces somos lo que vemos, lo cual se acentúa en la edad infantil.



¿Qué actuaciones pueden hacer que el miedo de mi hijo crezca y/o se instale?



Salir en volandas en cuanto el/la niño/a se asuste o muestre miedo. Lo recomendable es que se calme en la situación que le ha provocado la respuesta y permanecer en ella hasta que su ansiedad baje. Así, con la propia experiencia, vuestro/a hijo/a podrá comprobar que lo que tanto teme, en realidad, no conlleva el peligro que él/ella espera. Ni quitarle ni darle excesiva importancia a los sentimientos y emociones del niño. El mensaje es “las emociones, incluso las que no nos gustan demasiado, nos son útiles para muchas cosas. Entiendo cómo te sientes, entiendo que el miedo que tienes no te gusta, pero es una emoción normal, sólo tienes que comprobar que no es tan peligroso como tu reacción está manifestando”. Convertirnos en cómplices de nuestros/as hijos/as en todas sus evitaciones. Esto es acceder a las peticiones de huida y evitación. Aunque, en ese momento, ellos nos consideren superhéroes, a largo plazo les estaremos haciendo un flaco favor.



“Las emociones moderadas son EMOCIONES ADAPTATIVAS, incluso las que no son agradables” Sonia Cardona. Psicóloga www.iniciapsicologovalencia.com


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